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Revista Arkeogazte nace como parte del proyecto de la asociación del mismo nombre que une a jóvenes investigadores en Arqueología de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibersitatea y que tiene como propósito fomentar el debate entre "jóvenes arqueólogos y arqueólogas" dedicados a la investigación y la profesión arqueológica. Más allá de un espacio de debate científico, que también lo pretende, esta revista de carácter anual busca abrir la discusión sobre temáticas y aspectos, a primera vista “indirectos” y “transversales”, pero de fundamental importancia para analizar nuestra praxis tanto en el mundo académico como en el social.
La revista, de formato digital, se estructura en tres partes fundamentales: la primera, dedicada a un tema MONOGRÁFICO que estructurará cada número y que se analizará desde diversos puntos de vista, persiguiendo con ello la comunicación y la transversalidad entre las distintas disciplinas que se relacionan con el estudio arqueológico. Por otro lado, una sección de “VARIA” en la que cabrán todos aquellos artículos y trabajos científicos de temática libre, siempre dentro de la Arqueología. Por último, un espacio de RECENSIONES en el que se fomente la revisión crítica, nunca la mera descripción, de libros y trabajos arqueológicos recientes, al que se suma un espacio de RECENSIÓN DE UN CLÁSICO de la historiografía arqueológica que se revisará a la luz de las nuevas perspectivas y desarrollos teóricos. Sin más, esperamos que éste sea el inicio de un proyecto duradero que invite al debate y a la reflexión de los que iniciamos nuestros trabajos en el mundo de la Arqueología
 Comité Editorial de la revista Arkeogazte
 
Foto de cabecera: Santa María de la Piscina, Álava (Maite Iris García)
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EDITA

Ya está aquí el NÚMERO 5 de Revista Arkeogazte. Monográfico: ARQUEOLOGÍA DEL CONFLICTO

El conflicto, por desgracia, y la Arqueología del Conflicto, por fortuna, están de moda. El año que nos deja ha sido abundante en aniversarios de gran repercusión mediática y social que han tenido el conflicto como eje central. Así, 2014 ha sido el centenario de la Primera Guerra Mundial y 2015 será el 70 aniversario de la bomba nuclear en Hiroshima y el fin de la Segunda Guerra Mundial, los dos conflictos por antonomasia que han caracterizado la sangrienta historia del siglo XX. También en 2014 se han cumplido 25 años del desmantelamiento del Muro de Berlín que puso fin a la Guerra Fría. Al mismo tiempo, ha sido un año de acontecimientos de gran calado para la arqueología del conflicto, tanto en la Península Ibérica como internacionalmente. El año 2014 ha sido testigo igualmente del I Congreso de la Guerra Civil Española, el primero realizado sobre este tema a nivel internacional; y el conflicto ha sido eje de varias sesiones sobre el tema en el Contemporary and Historical Archaeology in Theory Conference (CHAT) realizado en Pilsen (República Checa). La actualidad y relevancia social y académica de un relato y una reflexión material del conflicto y de los conflictos son evidentes.

El planteamiento de este monográfico es también consecuencia directa de la evolución que hemos tenido como Comité Editorial de la Revista. El objetivo del número monográfico anterior fue explorar la capacidad de la Arqueología para el análisis de las desigualdades sociales. La respuesta fue muy positiva, mostrando no sólo una altísima capacidad epistemológica de la Arqueología para el conocimiento de la desigualdad, sino revelando también un abanico muy amplio de temas, más allá de falsas fronteras temporales, sobre los que realizar estudios de la materialización de la desigualdad señalando al mismo tiempo la relevancia social del tema. Como afirmaba A. Vilá en la presentación del número, “estamos rodead@s de desigualdades que están por supuesto muy materializadas en nuestras vidas cotidianas, en nuestras condiciones materiales de vida. ¿Cómo no aprender de nuestras experiencias y observaciones (puro empirismo) para señalar posibles indicadores o conjuntos de indicadores de esas desigualdades?” (VILÁ MITJÀ, 2014). Las reflexiones vertidas en el monográfico anterior dedicado a la arqueología de la desigualdad, vinculadas a su vez con las del primer número de la revista en torno a la arqueología social (2011), han llevado directamente al conflicto como un tema de interés susceptible de estudio arqueológico3. Así, entendemos que el conflicto, el enfrentamiento y la violencia son consecuencias directas de las desigualdades sociales y el estudio de uno, en este caso en términos materiales, revelará la naturaleza del otro y viceversa.

Comité Editorial de Revista Arkeogazte

Tres son las características más interesantes del conflicto que nos llevan a proponer un número monográfico al respecto. En primer lugar, la arqueología del conflicto es, como el propio “conflicto” conceptualmente hablando, multitemporal, por lo que cualquier período genera potencialmente una materialidad del conflicto. Sin embargo, hay que destacar que el pasado reciente ha sido el escenario temporal de conflictos de una envergadura nunca conocida antes y por ello ha sido la Arqueología Contemporánea la pionera en el estudio del conflicto desde bases materiales (SAUNDERS, 2012). Esto no elimina la capacidad de análisis estructural del conflicto en cualquier período de la historia, como puede ser la prehistoria (GUILAINE, 2002), la conquista romana (MARÍN SUÁREZ y GONZÁLEZ ÁLVAREZ, 2011) o la Edad Media (PLUSKOWSKY, 2013) y que permite enfocar el conflicto de una manera contextual y relacional.

En segundo lugar, la historia del conflicto es, además, fundamentalmente multivocal y multicausal (multifaceted), que incorpora numerosos contextos antropológicos en su seno (SAUNDERS, 2012). Una historia que vertebra infinidad de historias: grandes historias de gestas y tragedias nacionales; historias de profundos procesos sociales y económicos y de violencia sistémica; y también pequeñas historias de infinidad de personas envueltas de una manera u otra en enfrentamientos violentos (ZIZEK, 2003). Conflictos y violencia que, además, no son necesariamente físicas y directas (guerras, frentes de batalla, campos de concentración, conquistas…) sino que pueden ser simbólicas e indirectas (conflictos de clase, violencia simbólica y cultural…) o culturales (GALTUNG, 1990; HABER, 2007) y, que desde luego, tienen un efecto directo sobre las estructuras sociales y sobre las identidades de los sujetos envueltos en el conflicto. Esta multicausalidad del conflicto permite saltar de una visión estrecha como algo vinculado al conflicto bélico e introducirlo dentro de un discurso mucho más amplio de “conflicto social”. Las definiciones oficiales que existen del término “conflicto” son una clara imagen de esta multiplicidad de historias. La Real Academia recoge hasta siete definiciones entre las que se incluye el conflicto en términos bélicos como “enfrentamiento armado” o “momento en que la batalla es más dura y violenta” pero también en términos sociales como “combate, lucha, pelea” o como conflicto colectivo y laboral así como en términos de la psicología individual: “coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos”. Esta visión multipolar del conflicto es la que nos interesa que sea resaltada en el número monográfico.

En tercer lugar, el conflicto, por su carácter esencialmente traumático, pone a la Arqueología y al profesional de la Arqueología en una particular posición en la que la relación con los objetos, con la comunidad (en términos de Arqueología Pública) y con la ética personal y profesional es particularmente delicada pero muy poderosa (GONZÁLEZ RUIBAL y MOSHENSKA, 2015). Como afirma G. Moshenska, el impacto e interés de las diversas cuestiones éticas puestas de relieve por la Arqueología del Conflicto muestran “the awesome power we wield when we engage with the materiality and memory of modern conflicts, a power that can rewrite history on the ground and embed itself deeply in popular conciousness” (MOSCHENSKA, 2008: 170-171). La relación entre ética profesional, memoria, conflicto, comunidades locales y Arqueología es un aspecto estimulante que, creemos, merece también ser explorado.

La arqueología del conflicto se desarrolló, como otras arqueologías, tras la Segunda Guerra Mundial. El análisis de los lugares de memoria de los dos enfrentamientos bélicos más sangrientos del siglo XX generó una arqueología del conflicto vinculada a los aspectos más fetichistas y descriptivistas del tema, como fueron los propios objetos bélicos (armas, búnkeres…), campos de batalla o la antropología de los lugares de enfrentamiento y de los combatientes. En este sentido, es inevitable destacar la intensa labor de infinidad de aficionados y asociaciones que recuperaron y patrimonializaron numerosos entornos arqueológicos de conflicto posibilitando un estudio arqueológico. Una vez más, la sociedad cumplió un papel de primer orden a la hora de afrontar los procesos de patrimonialización y análisis arqueológico de la materialidad. Por su parte, la Academia no tuvo un interés directo en el tema hasta prácticamente entrado el siglo XXI (POLLARD y BANKS, 2006). En este sentido, y como contrapunto, cabe hacer mención de la Arqueología Latinoamericana, que afrontó de forma vanguardista en los años 80, en el momento en el que muchas de las dictaduras desaparecieron, un creciente interés y compromiso político por el estudio de los conflictos, los espacios de la represión o la recuperación de la memoria (ZARANKIN y SALERNO, 2008).

A pesar de este retraso, el desarrollo en los últimos años de la arqueología del conflicto ha sido espectacular y hay que vincularla con la convergencia de procesos históricos e historiográficos que han permitido afrontar materialmente este tema en términos interpretativos y no únicamente descriptivos. Entre estos procesos historiográficos y académicos se podrían incluir, por mencionar algunos de los más importantes, el auge del pensamiento posmoderno y su repercusión en la arqueología posprocesual (HODDER, 1988) y su interés por el estudio del sujeto y de las relaciones de poder o la aplicación de la filosofía fenomenológica y deconstruccionista a la Arqueología y la Antropología (ALONSO GONZÁLEZ, 2012).

Estos y otros muchos avances teóricos y metodológicos han permitido articular un discurso material y arqueológico sobre el conflicto que ha tenido una repercusión cada vez mayor tanto en la Academia como en la sociedad. Así, en 2010 se celebró un inter-congreso del World Archaeological Congress en Viena que tuvo como eje central precisamente en la Arqueología del conflicto y ha sido sucesivamente tema habitual en foros internacionales generando numerosos proyectos de investigación sobre espacios del conflicto, fundamentación de la arqueología de la identidad (HERNANDO GONZALO, 2002) o de la simétrica (WITMORE, 2007), que pusieron el énfasis en el relato material para la construcción del sujeto histórico en términos individuales y sociales; así mismo, el desarrollo de la Arqueología Contemporánea como disciplina autónoma a partir de los años 70 en adelante (DEETZ, 1996 [1ª ed. 1977]). También influyente ha sido el creciente interés en historias alternativas de los conflictos y de los grupos subalternos, vinculadas en parte con la Arqueología Postcolonial y la Arqueología Social Latinoamericana así como el análisis arqueológico de las dictaduras comentadas anteriormente (BATE, 1998; GÁNDARA, 1990; HABER, 2011; MIGNOLO, 2000; ZARANKIN y SALERNO, 2008). A estos procesos puramente historiográficos hay que sumar el creciente interés social, producto en parte de la llamada “cultura posmoderna” y de la postpolítica (INGLEHART, 2001) que puso en el punto de mira social los procesos conflictivos en clave crítica, generando un caldo de cultivo para la recepción social de un relato histórico alternativo a partir de la materialidad, ya sea en términos de aceptación o de rechazo, como ocurre con el proyecto The Archaeology of the Colorado Coal Field War dirigido por D. Saitta y R. Mcguire (SAITTA, et al., 2005) que analiza la materialidad de una huelga de trabajadores en Colorado producida entre 1913 y 1914. La publicación del reciente volumen coordinado por A. González Ruibal y G. Moshenska (2015) recoge estos nuevos enfoques y sin duda impulsará el análisis material de los conflictos.

Más tardía es la aparición de estas reflexiones en el panorama peninsular. Las circunstancias historiográficas y políticas han provocado un retraso en la generación de una arqueología del conflicto. Por un lado, la falta generalizada de reflexión teórica, producida en gran medida por “el gran desmoche” franquista, como pudimos analizar en el segundo número monográfico (GONZÁLEZ RUIBAL, 2012), ha obstaculizado en cierta medida la capacidad de la Arqueología para el análisis de la materialidad en términos de conflicto. Así, la arqueología del conflicto en la Península Ibérica ha venido en gran parte mediada por el reciente nacimiento de la Arqueología de la Guerra Civil y del Franquismo como disciplina (GONZÁLEZ RUIBAL, 2008), que ha posibilitado una masa crítica así como una reflexión teórica para la fundamentación de una arqueología del conflicto. A pesar de este retraso, la asombrosa rapidez con la que esta arqueología ha generado una masa crítica, animada tanto por las asociaciones civiles como por el desarrollo de la Arqueología Comercial, que ha supuesto la excavación, documentación y puesta en valor de contextos arqueológicos de la Guerra Civil, permite actualmente plantear una arqueología del conflicto con nombre propio.

El número que aquí presentamos ha recogido, analizado y desarrollado las principales ideas y propuestas planteadas inicialmente. Diez artículos que, de una forma compleja y diacrónica han tenido como eje central el conflicto. Desde una perspectiva más teórica se encuentran el trabajo sintético de X. Ayán así como el de R. Millán, que ponen el acento en los aspectos más abstractos y sociales de lo que supone el conflicto en la configuración de la materialidad de las sociedades modernas. Algunos contextos de conflicto asociados a la Prehistoria son presentados por A. Romero y C. Díez, cuyo artículo se centra en un período especialmente complejo para el análisis del conflicto como es el Paleolítico, así como C. Camarero y E. Arévalo que trazan un marco de síntesis en torno a los marcadores de la violencia entre el Neolítico y el Calcolítico, analizando los principales contextos al respecto. Por su parte, J. M. Costa se adentra en las nuevas perspectivas en el estudio de la conquista romana de la Península Ibérica, tema que se ha revitalizado en la actualidad gracias a nuevas contribuciones y a la aplicación de nuevas tecnologías al estudio de esta cuestión.

La Edad Media, si bien es un período de especial inestabilidad política así como de grandes procesos de conflicto, apenas ha sido abordada desde la Arqueología del Conflicto. Esta ausencia de estudios se evidencia en el trabajo de G. García-Contreras, O. López-Costas, A. Pluskowski, R.Y. Banerjea y A.D. Brown, en torno a la materialidad del conflicto y los principales contextos de la Edad Media peninsular.

Como decíamos anteriormente, la Arqueología del Pasado Contemporáneo ha sido uno de los principales puntales que han permitido un desarrollo actual de la Arqueología del conflicto. De esta manera, el grueso de este número lo ocupan trabajos referidos a este período. La Arqueología del Conflicto Carlista puede ser uno de los aspectos más novedosos de los estudios peninsulares del conflicto, aspecto que se resalta en el trabajo de I. Roldán y S. Escribano. La Guerra Civil y el Franquismo son también períodos que solo recientemente han sido abordados desde la Arqueología y que están representados en el número gracias a los trabajos de F.J. Ruiz, J.I. Piedrafita y F.J Ortiz sobre un contexto de exhumación en Zaragoza así como el trabajo de J.M. Señorán y X.Ayán en torno a la colonización agraria franquista. Finalmente, el artículo de M.A. Salerno y A. Zarankin ha permitido una interesante y estimulante comparación con la Arqueología del Conflicto y las políticas de memoria desarrolladas en Latinoamérica.

El monográfico lo cierra la entrevista a A. González Ruibal, quizá uno de los principales arqueólogos que trabajan en el tipo de temas abordados en el número. De ella extraemos un pequeño fragmento que puede ser una buena síntesis del leitmotiv de este número: “Conflicto es, en esencia, lo que nos divide. La violencia es una de las formas en que se intenta resolver esta división: puede ser una división de género, étnica, de clase, religiosa, nacional, etc. Y la violencia utilizada para “resolver” el conflicto puede ser física o simbólica o ambas. La violencia y la división son impensables sin su dimensión material. Por lo tanto, se pueden estudiar arqueológicamente”.

Los artículos presentes en la sección de Varia corresponden a los trabajos de N. García en torno a los marcadores de desigualdad en el fenómeno megalítico de la cuenca del Duero. A este trabajo le sigue la presentación de un caso de estudio de un campamento romano situado en la parte noroccidental de la Meseta presentado por A. Menéndez, D. González y J.M. Costa. Finalmente, se publica el trabajo de J. Moyano, ganador del I Concurso de Trabajos de Fin de Grado que organizó la Revista y que premió este análisis de la arquitectura naval de la Protohistoria Mediterránea.

Completan el número las reseñas de A. Prieto, S. de Francisco, J. López de Ocáriz y A. Prieto, C. Marín y J. Santamarina que incluyen libros de reciente publicación, congresos y jornadas así como la revisión de un trabajo clásico de C. Renfrew.